Es curioso, pero creo que hoy es, probablemente uno de los días más felices de mi vida. El título que he elegido para el encabezamiento es apropiado, bajo todo lo que puede ser en éstos momentos nocturnos mi austero punto de vista; el cual, se ha visto incrementado con una inyección de orgullo que roza lo orgásmico cuando hoy (realmente, ayer) corté la cinta de inauguración del sueño que hace exactamente 6 meses comencé a entretejer en un gélida tarde en el más duro invierno de Bruselas.
Cuando pienso en aquella tarde se me vienen recuerdos de aquel pasado reciente que tuve: el arduo proceso que sufrí hasta conseguir abrirme un hueco entre la maraña profesional y social que se formaba alrededor mío en la escasa hora y cuarto de paseo que separaban el Parque del Oeste y el Parque del Retiro de Madrid. Creo que nunca unas All Star, unos Levi’s 501, una cazadora vaquera y barba (de casi una semana, bastante descuidada) habían dado tanto resultado a la hora de hacer una entrevista de trabajo. He de confesar que en un halo de conformismo, durante 30 segundos, y a dos horas de la cita, barajé la posibilidad de no hacerla, mientras leia y recitaba en el transfondo las métricas de Joan Maragall sentado bajo un eucalipto del pulmón madrileño.
Durante casi dos horas de reunión, en las que tuve la posibilidad de descubrir una faceta del que ahora es mi jefe, me di cuenta de algo que, horas de ahora, puede resultar bastante epopéyico, pero que no deja de ser verdad: la mirada de una persona, nunca puede esconder un trasfondo. Realmente me pasé alrededor de más de media hora mirando a los ojos de ésta persona, y, amén de obviar el exámen histológico que a grosso modo pude hacer de la composición de sus oquedades oculares y su contenido, me quedé con el exámen de cómo una mirada revela el tipo de comportamiento que se quiere dar dependiendo en la situación en la que te encuentres.
Más alla de romanticismos que poco o nada tengan que ver con la física ocular, he de reseñar que, sobre esta hipótesis se acontece la teoría del “créate a ti mismo”, el histrión que creen revivir muchos novelistas y que creen reinventar en el background de la tinta que más de una cosa oculta contaría sobre uno o más best sellers. Si la tinta hablase…
Para no andarme con muchos rodeos, cuando me propuse aplicar para desempeñar el cargo que ahora mismo ocupo, supe, lo primero que tenía un millon de carencias que tenía que resolver, la primera de ellas esencial: Aguantar la mirada durante largo tiempo durante una conversación (más bien abstracta) sin dubitar ni una sola palabra. Lo hice en aquel momento, sorprendentemente casi sin pestañear y seguro de mí mismo; obvio que con la tranquilidad que me caracteriza, en ocasiones las cosas son más fáciles. Cuando al día siguiente, mientras compraba leche en el Hipercor sonó el móvil, sabía que era él, que le había gustado mi manera de ser y de enfocar los puntos de vista, de salir a lo abstracto para resolver problemas, de volver a la síntesis para reconstruir los todos. “Acabo de firmar un inmueble en Barcelona, me gustaría contar contigo para ese proyecto”. No recuerdo haber conducido los 6 kms con mi Seat Altea que separaban el Hipercor de mi casa en Madrid, únicamente pensaba en esa mirada que tanto había estudiado en la entrevista y en cómo las palabras resonaban hasta en el último ión de cloro, en el último neurotransmisor, en cualquiera de las últimas neuronas que todavía quedasen en mi cada vez más desquiciado cerebro.
Cuando tengo un momento de bajón anímico a nivel profesional, pienso en ello. Cuando he de marcar tempos, diseñar, maquetar, planificar, dirigir… pienso en ello también.
Me veo sólo en mi pequeño apartamento en Gran de Gràcia y le veo a él. Eres el espejo en el que me miro. Te admiro.
Hoy (ayer) he visto muchísimas caras alegres y… entre los nervios que casi me invaden alla a eso de las 10:30 AM, me he dado cuenta que, existe muchísima gente que depende de mí en éstos momentos a la que no puedo fallar. No existe el margen de error. No existirá, o al menos, lo intentaré.
Ésta ha sido la culminación de un sueño. Desde Bruselas y pasando por Maastrich, Madrid, Londres y Barcelona.
Benvolgut Passeig de Gràcia, ja sóc aquí.
Enero 7, 2009 at 6:00 pm
Mi enhorabuena