Richard Rogers

Desde hace un par, pero sobre todo desde las últimas de los 80 y 90, vino a aparecer en la sociedad un fenómeno social abundante conocido como la “Alta Tecnología”. Éste fenómeno se fue de aplicación en varios cambios, pero quizá el más llamativo, fue el de la Arquitectura. Como aplicante directo de éste fenómeno, hoy me centraré en presentaros a Richard Rogers, uno de los arquitectos más brillantes del Siglo XX, y uno de los padres de la alta tecnología arquitectónica.

Británico, aunque nacido en Florencia (como el mismísimo Leonardo da Vinci) un 23 de Julio de 1933, Rogers estudió en la Architectural Association  de Londres, para graduarse en la Universidad de Yale en 1962. En 1971 creó su propia firma y desde entonces ha trabajado en numerosos proyectos por todo el mundo. En la actualidad, es el director para la arquitectura y el urbanismo del Greater London Authority y es militante del partido laborista británico. A sus casi 75 años, Rogers sigue paseando por Londres en bicicleta y, actividad que ratifica “le da mucha salud”, y al mismo tiempo “siento que sigo respetando la naturaleza, como mis edificios”. Fue nombrado también Barón de Riversyde South. La biografía, veis que es bastante reducida, ya que de Rogers me gustaría separar la obra de su vida personal.

La obra de Rogers, nos transmite su pasión por la tecnología y el concepto de edificio como máquina inmersa en la red neuronal de la ciudad. Considerado urbanista, enfoca sus proyectos en vista a crear lugares para la gente, y buen ejemplo es el edificio Lloyds, en Londres, terminado en 1986, el cual, fue proyectado buscando la máxima flexibilidad del mismo y del entorno (Ésta es la construcción más importante de Rogers en Gran Bretaña). Muchísimas de sus obras más importantes son consideradas como obras de arte vanguardista, dentro del fenómeno de la alta tecnología del Siglo XX. Ejemplos vivos, amén de Lloyds, son la Terminal 4 del Aeropuerto de Madrid-Barajas (Madrid, 2006), El Hotel Hesperia de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona, 2007), El Pompidou (París, 2006), La Corte de los Derechos del Hombre (Estrasburgo, 1989) , o la antigua Plaza de Toros de Barcelona de la Plaça d’Espanya (Barcelona, en construcción).

La vanguardia de principios de siglo fue el ultimo intento de acoplarse de manera armónica, tanto sociológica como antropológicamente, aunque también y de manera preponderante artísticamente. Es pues la emergencia de la vanguardia inseparable de la modernización tanto de la arquitectura como de la sociedad. Richard Rogers lo hace como mejor sabe. Diseñando.

Casa Batlló per dins

Si existe un exponente de la arquitectura contemporánea, si existe un zénit en el ámbito de la vanguardia arquitectónica y el modernismo catalán, si realmente hay alguien que merece ser nombrado por romper con todo y hacer de su estilo una forma de vida, ese es Antoni Gaudí.

Tarraconense de nacimiento, nació en Reus un 25 de junio de 1852, estudio Arquitectura en la Escuela Llotja y en la Escuela técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, en la cual se licenció en 1878. En ésta etapa Gaudí trabajó como delineante para costearse sus estudios para varios arquitectos entre los que destacan Joan Martorell, Josep Fontseré o Leandre Serrallach. Eusebi Güell, se fijó en las dotes de Gaudí durante la Exposición Universal de París de 1878, donde el maestro Gaudí expuso una vitrina para una fábrica de guantes, y quiso contactar con él para realizarle encargos. En 1883, se encargó de continuar el proyecto del Templo Expiatorio de la Sagrada Família (una idea original del librero barcelonés Josep María Bocabella, quien le encargó el proyecto primeramente a Francisco de Paula Villar i Lozano, el cual renunció a tal proyecto por desavenencias con Josep Martorell –asesor arquitectónico de Bocabella- y le entregó el proyecto a un joven recién licenciado llamado Antoni Gaudí), el cual modificó por completo y creo uno nuevo, haciéndolo completamente suyo y que, a partir de 1910, se va a dedicar en exclusiva a él hasta la fecha de su muerte. También en ese mismo año, se encargo del proyecto de El Capricho (Villa Quijano), en la localidad cántabra de comillas, una obra dirigida por el arquitecto Cascante Colom. Entre los años 1885 y 1889, Antoni Gaudí estuvo inmerso en las obras del Palau Güell (Carrer Nou de la Rambla, s/n – Barcelona), una obra encargada por Eusebi Güell -y la cual, fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1984-. En 1889, se hizo cargo del proyecto de la Casa Vincens i Montaner (Carrer de Carolines, 24 – Barcelona) en una fachada basada únicamente en la cerámica. En el 1900 diseñó la Casa Calvet (Carrer de Casp, 48 – Barcelona), un edificio de balcones acristalados. Entre 1900 y 1914 (fecha de fin de construcción) diseñó y construyó el Parc Güell, una maravilla mundana situada cerca del Tibidabo, en la vertiente que mira al mediterráneo de la capital catalana, junto al Turó del Carmel. Sin duda una de las mayores obras de Gaudí, la cual, está en perfecta armonía con la naturaleza y que emula las ciudades-jardín inglesas. También fue declarado en 1984 Patrimonio de la Humanidad. Entre 1905 y 1907 construyó la mítica Casa Batlló (Passeig de Gràcia, 43 – Barcelona), otro máximo exponente Gaudiano en pleno corazón de Barcelona. Entre los años 1906 y 1910 proyectó y construyó la Casa Milá, también conocida como “La Pedrera” (Passeig de Gràcia, 92 – Barcelona), hecha por encargo de Roser Segimon y Pere Milá y que, en la actualidad es propiedad de la entidad bancaria Caixa Catalunya. Al igual que muchas de sus obras, también fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1984. (Murió a los 74 años de edad, el 10 de Junio de 1926, al ser arrollado por un tranvía en la barcelonesa Plaza de Tetuán, un 7 de Junio de 1926.

La obra de Gaudí es reconocible a primera vista en la mayoría de las ocasiones (otras, como por ejemplo la Casa Calvet, es algo más dificultosa de discernir en el estilo por las complicaciones que tuvo Gaudí de equilibrar las fachadas con los edificios colindantes), con influencias de la arquitectura asiática, continuas evasivas a los ángulos rectos y su proyección por las elípticas.

Como frases, me quedo en especial con dos. La primera de ellas, de Elíes Rogent, director de la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona y profesor de Antoni Gaudí:

“Hem donat el títol a un boig o a un geni. El temps ho dirá”.

Y la segunda y, una frase que perdurará por siempre, del maestro de Reus:

“L’Originalitat consisteix en retornar à l’origen”.
Irrepetible.