Andy Warhol - Self Portrait

Podemos ver obras en museos de arte contemporáneo que en muchas ocasiones no somos capaces de asociarles un nombre concreto o un autor. Otras veces, y en lugares como el Guggenheim, el Reina Sofía, el Thyssen… podemos ver obras como ”Marilyn“, “Campbell’s Soup Can“, “Mao“, “Shoes“, o “Self Portrait“; obras que despiertan un deseo de un conocimiento más profundo de ellas, pero que éste caso sí que llevan un nombre implícito: Andy Warhol.

Nacido en Pittsburg, Pennsylvania, el 6 de Agosto de 1928, fue el menor de tres hermanos de padres inmigrantes procedientes de la República Eslovaca, Andrej y Julia Warhola. Practicantes de la fe ortodoxa, los Warhol adoptaron éste nombre en adaptación al equivalente estadounidense de “Warhola”. Andrej trabajaba en la construcción, mientras que Julia fabricaba flores de hojalata y las pintaba artesanalmente. De niño, Andy no tuvo una infancia demasiado saludable ya que padecíó ‘escarlatina’ desde muy pequeño (enfermedad que provoca una pigmentación irregular en la piel), al igual que la enfermedad del ‘baile de san vito’ (enfermedad que afecta al sistema nervioso que causa espasmos involuntarios). Desde los 8 años, Warhol, comenzó a coleccionar fotos de estrellas de cine, y comenzó a dar clases gratuitas de arte a los 11 años. En 1942 muere su padre y poco después en 1945 es admitido en el Carnegie Institute Of Technology de Pittsburg, donde se licenció en Bellas Artes y Diseño Pictórico. En 1949 se muda a Nueva York y comienza a trabajar como Artista Comercial, donde su primer trabajo fue para la revista Glamour, en la cual ilustra el artículo “What Is Success?”. Su primera exposición individual “Fifteen Drawings Based on the Writings of Truman Capote”, se llevó a cabo en la Hugo Gallery, en Nueva York, en junio de 1952. En 1956 se va a Europa junto con Charles Lisanby, centrándose fuertemente en el aspecto de la pintura. En los 60’s comienza a pintar imágenes pop, como “Campbell’s Soup Can“. En 1964 fundó su famoso estudio “The Factory”, cuya vida dentro de dicho estudio junto a los artistas que allí se reunían, se comentaban en todos los periódicos sociales de los Estados Unidos. En 1965 triunfa con su exposición en París, Flowers, donde anunció que se dedicaría al cine (donde, entre 1963 y 1976 creo más de 600 películas y entre ellas, grandes clásicos del cine de Vanguardia como, Sleep (1963), Empire (1964), Kiss (1964) o Chelsea Girls (1966)). En 1967 extendió su creatividad al performance artístico con la protagonizado por la banda de rock and roll “The Velvet Underground“. En ese mismo año aparece su primer libro, Andy Warhol’s Index. En 1968, una mujer, Valerie Solanas, que se describía como feminista radical y dramaturga, y a la cual Warhol había prometido publicar su manuscrito, le dispara seis veces en el pecho y es herido gravemente. Se requieren más de seis horas de cirugía para salvarle, y los efectos de este evento dejan a Warhol traumatizado por el resto de su vida. Al año se publica su revista InterView. Al comienzo de los 70’s comienza con su serie de serigrafías sobre “Marilyn“. Durante la década de los setenta, Warhol socializaba frecuentemente con figuras como Jackie Onassis y Truman Capote; ambos habían sido una fuente de inspiración importante en su obra. También comenzó a hacer docenas, y luego miles, de retratos pintados por él a gente de sociedad de gran influencia, estrellas de música, cine y muchos más clientes de la “sociedad”. Asistía con frecuencia a las fiestas de “Studio 54″, junto con Halston, Liza Minelli y Bianca Jagger. En 1983 hace el retrato del cantante español Miguel Bosé para la portada del disco “Made In Spain”, también utilizada para el disco “Milano-Madrid” de este mismo artista. Ese año visita Madrid, donde es recibido con entusiasmo por Almodóvar, Fabio McNamara y otras personalidades de la cultura y la vida social madrileña. En 1986 pinta lo que serán sus últimas obras, autorretratos y retratos de Lenin y Mao Tse Tung. Warhol, muere debido a una complicación de una cirugía de vejiga el 22 de febrero de 1987.

Warhol extendió sus talentos intelectuales a otros campos e hizo algunas cosas dentro de la edición de libros, la escritura, el cine, la televisión y la música. Fue uno de los artistas más prolíficos y famosos que haya conocido el Siglo XX.

Éste es mi pequeño homenaje a Warhol.

Museo del Prado

Me he vuelto a enamorar. Hacía meses que no pisaba El Prado hasta que ayer, sábado, 26 de febrero de 2008 volví a pisar, la que en algún momento de mi vida fue mi casa. No había vuelto a pisar el Museo del Prado desde el verano de 2007, justo antes de la reapertura con la inauguración de las nuevas salas del edificio de los Jerónimos.

Ha sido curioso, porque puede que hasta hoy, las fábulas de Velázquez no hayan sido tan sumamente trascendentales para mí. Digamos que he tenido un día… lo que viene a ser un poco rollo autista, hasta que he llegado al Prado: Me he levantado pronto, me he duchado, me he vestido (super informal, como ya sabéis aquéllos que me conocéis) y me he ido a pasar el día al Prado.

Tras esperar casi media hora de cola para entrar en la pinacoteca, al sol justiciero del invierno matritense, he logrado entrar en las nuevas salas del Museo del Prado (A-B-C y D, las cuales son complementarias de las 01-102 del Edificio principal –Villanueva, para los más escépticos-), para ratificar lo que todo crítico comenta: Rompe con la idiosincrasia del Prado. Y es así, el Prado no es un museo de arte moderno.

He quedado bastante descontento con la ampliación, ya que no es para nada acorde con la política de arte del propio museo. Se rompe con el clasicismo del que tanto alardeaba Miguel Zugaza (Director del Museo del Prado), para darle un aire contemporáneo muy del estilo Thyssen o Guggenheim, que para nada tiene que ver con la principal pinacoteca de Madrid. Se habla de la respetuosidad de la infraestructura con el asunto de los Jerónimos, el claustro, la luz natural de la propia ampliación, la obra de ingeniería… pero no es el estilo.

Aunque todo hay que decirlo, en la ampliación están expuestas las principales piezas de la pintura del Romanticismo español del siglo XIX (con la cual, muchos visitantes descubrirán que el romanticismo español del siglo XIX no muere en Goya) y, en las salas A y B podemos encontrarnos con obras de Federico Madrazo; o en la sala C, por ejemplo, con algunas de las principales obras de Sorolla y Beruete, de camino al claustro de los Jerónimos, en la segunda planta.

Ampliación a parte, me centro en mi jornada en el edificio Villanueva, donde por primera vez he visitado la exposición “Fábulas de Velázquez”, sita en el museo hasta el día 24 de febrero, y la cual vale mucho la pena ir a visitar. Las fábulas de Velázquez nos hacen el recorrido de Diego de Velázquez desde sus comienzos en la Sevilla de principios del Siglo XVII (vida cotidiana), pasando por los “Borrachos” de Velázquez del primer cuarto de siglo (Mitología y realidad), su época italiana (Horizonte Romano: donde tenemos alusivas a creadores como Caravaggio o Rubens, amén de la obra “La Fragua de Vulcano”), Sus obras religiosas (Devoción y Meditación: donde también podemos encontrar alguna obra de Francisco de Zurbarán y del propio Velázquez, en sus actos devotos a la iglesia católica, como la “Aparición de San Pedro Apóstol a San Pedro Nolasco” ), su alegoría al desnudo (con obras como la “Venus frente al espejo” -donada por la National Gallery de Londres-), el paso por la Filosofía (aquéllos retratos a Demócrito y Heráclito, de Rubens), y finalmente, el Telar de la Fábula (donde tenemos como protagonista a la “Fábula de Aracne”).

Obviamente no podemos obviar (perdón por la redundancia) el embrujo de “Las Meninas” de Velázquez si estamos visitando El Prado, en la sala XII del corredor principal, pese a no entrar dentro de las fábulas del mismo (Si pregunto ahora mismo cuántos miembros de la familia real del emperador Felipe IV aparecen en dicha obra ¿Quién me lo podría responder? –Sin mirar la foto, claro está).
La tarde también se ha centrado en El Greco, pero muy especialmente en una obra (de las decenas que ahora mismo el Prado dispone para dicho autor, para el cual, ha habilitado toda un ala con una colección permanente). La obra en cuestión es “El entierro del Conde Orgaz”.

Amén de Velázquez y el Greco, y salvo pinceladas de Goya, Tiziano y Caravaggio a lo largo de las galerías de El Prado, la tarde transcurrió entre calibres de alto nivel, como José de Ribera, Murillo, Correggio, Roger Van der Weyden o Eduardo Rosales.

Como conclusión: pese a la ruptura clásica del Prado con la ampliación de los Jerónimos, podemos quedarnos con la intención del Museo de acercarnos el romanticismo español del XIX a todos los públicos con obras clásicas, con la majestuosidad de las Fábulas de Velázquez y con un recorrido zig-zagueante entre centenares de maravillosas obras. El día ha sido brillante.

Fueron exactamente doce días, doce, los que compartí de existencia con una de las personas que más han influenciado creativamente y más me han enriquecido, a lo largo de toda mi vida. Joan Miró.

Excéntrico y centrado ¿Cómo alguien tan sumamente influyente en el mundo del arte contemporáneo puede albergar semejante paradoja?Sólo Joan Miró podría hacerlo, poniendo en tela de juicio la lingüística acerca de dos palabras tan lejanas pero tan confluyentes cuando se refieren a su persona.Excéntrico. Por la inverosimilitud con la que creaba sus obras, por la manera en la que era capaz de reflejar el subconsciente de los sueños –de la que tanto hipotetizó Freud–, por el amor a su tierra, a su país, por el retorno a la infancia.Centrado. Por la serenidad y la dulzura de sus trazos, por la belleza de sus contrastes de color, por su deseo de romper con las tradiciones de los medios artísticos, por su firmeza a hacerlo diferente.

Nacido en Barcelona un 20 de Abril de 1893, se va a graduar en 1910 en la escuela superior de Bellas Artes de Barcelona (la Llotja) de la mano del pintor y dramaturgo, Modest Urgell, y del dibujante Josep Pascó. Comenzó también a interesarse por la poesía y vanguardia de los estilos de vida francés y catalán, tales como las obras de Pierre Reverdy y Albert Birot. Aunque fue en 1918 donde, movido por la explosión fauvista y cubista del momento, expone su primera obra en solitario en las Galeríes Dalmau de Barcelona. En 1920 viajó a Paris a su primera exposición en Francia de mano de Josep Dalmau y visitó a Pablo Picasso. En París vivió unos años de pleno enriquecimiento creativo-intelectual, donde incluso llegó a conocer a Ernest Hemingway. En 1930 realiza su primera exposición individual de pintura y collage en los Estados Unidos, en la Valentine Gallery de Nueva York. Pero fue en 1933, de la mano de Joan Prats i Josep Lluís Sert, cuando va a decidir volver a Barcelona para trabajar en el telón, vestuario y ballet del Ballet Ruso de Montecarlo. Retornó a París y trabajó con Pierre Matisse y Roger Lacourière hasta 1942, cuando definitivamente va a volver a Barcelona y va a comenzar toda una etapa ceramista junto con Josep Llorens Artigas. En el 1949 comienza a frecuentar París para trabajar en la litografía con Mourlot y, en 1950, trabaja con los trabajos de Harkness Commons de la Universidad de Harvard encargada por Walter Gropius. En 1956 se traslada a Palma de Mallorca y recibe el Guggenheim International Award por la inauguración de los murales de la Unesco de París, dos años más tarde. En 1966, tras una década de éxitos monumentales de la mano y en conmemoración a los maestros Artigas y Sert, viajó a Japón por primera vez donde conoció al poeta Shuzo Takiguchi, autor de su primera monografía. Es en 1972 cuando queda legalmente constituida la Fundación que lleva su nombre, como centro de estudios de arte contemporáneo y en 1975 se abre al público. En 1979 es nombrado doctor Honoris Causa por la Universidad de Barcelona y un año más tarde, el Rey Juan Carlos I le otorga la medalla de Oro a las Bellas Artes.

Nos abandonó en Palma de Mallorca, un 25 de diciembre de 1983. Aunque debe ser que, su esencia cruzó el mediterráneo y voló hasta mi corazón aquel día, al de un niño de tan sólo días, y en el que hizo brotar una vertiente mironiana, la cual os intenta explicar.
Podría explayarme acerca de Miró durante bastantes horas, pero creo conveniente únicamente el mostraros sus obras más relevantes* -bajo mi punto de vista, o las más impactantes para mí (como se prefiera)- para que el simple embrujo de las artes del maestro Joan (permítame éste lujo del tuteo, sólo por ésta vez) embriague vuestras mentes y paralice vuestros sentidos, -como otrora ya hizo conmigo-, y, al despertar del ebrio sueño de curvas, asíntotas, colores, contrastes, tonalidades, trazos, collages… podáis exclamar: “¡Qué Maravilla!”.

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* Imatges per cortesía de la Fundació Joan Miró de Barcelona: http://www.fjmiro.cat/